Algo por allí...
Su mundo era sencillo, se despertaba a
las 7 de la mañana, la luz del sol inunda su habitación invitándola a abrir más
sus ojos, lo segundo que percibe son aquellos ruiditos de las fabulosas
maquinas que le rodean. Maquinas tan intrigantes llenas de pantallitas, con sus
letras y números que tanto cambiaban, que tanto la llenaban a ella de
curiosidad.
Luego de esto la mujer de cara redonda
siempre entraba y le sonreía, le ayudaba a bajar de la cama y la conducía a
tomar su desayuno junto a la pequeña mesita cerca de la cama.
Al poco rato venían las pruebas. Le
ponían objetos en su boca y la pinchaban en sus brazos. Algunos hombres y
mujeres entraban y salían rápidamente con hojas en sus manos, otros miraban los
aparatos con pantallas y rayaban las hojas que tenían en sus manos. Annie
sonreía cada vez que uno la miraba, sonreía y ellos no podían evitar sonreír
también. Ella era feliz de ver tantas personas por las mañanas en su
habitación, tantas personas que le trataban tan bien y que hablaban con ella. A
poco tiempo para el medio día tomaba su baño y casi lista para almorzar la
llevaban a la gran sala con muchos otros niños.
Por las tardes un par de horas frente
al televisor para mirar sus caricaturas favoritas y después de esto un par de
pastillas que las traía la enfermera de cara gorda.
Las pastillas calmaban el ardor en su
piel, el escozor y el dolor de sus huesos, pero a esta hora su mirada se
clavaba en el reloj de hello kitty que había en la pared, su mirada se clavaba
y su mente volaba al día anterior, recordando el último sueño que Crewets le
había traído. Deseosa ahora de irse a dormir porque sabía que Crewets vendría y
le acogería en su sueño.
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