“Carta desde San Lucas”, “El eco de Sofía”, o “Cuando Sofía me soñaba”.
¡Sofía, Sofía! ¿Dónde estás? ¿A dónde te llevaron lejos de mí, mis manos? Solo tengo este recuerdo marchito, frío y solo. Qué increíble puede resultar que en esta vida entera no exista el modo que pueda dar con vos, que Sibö̀ te haya llevado con él y que yo, al pensar en vos, no pueda sonreír. No quiero ser hostil, pero ¿hija mía, hasta cuándo? ¿Hasta cuándo esto va a ser así? Con tu hermosa madre esto era fácil, porque con ella era fácil rezarle a Dios; pero ahora es tan difícil entregarme a él. Y si muero mañana y no te logro encontrar allá, en el rinconcito nuestro, ese olor de consentimiento lleno de cariños, besos y abrazos, no me hace jurarte nada. Sueño con tu madre a diario y es un martirio recordarla. Sueño con nosotros todas las noches y es un suplicio. Quizá sería más fácil que coman mi hígado todos los días encadenado a una piedra. Quizá mi meta no es mi meta, y por eso no he alcanzado a dar contigo. En San Lucas… ¡vaya tertulia de hor...