Una inmundicia de ciudad
La singular figura de esta ciudad, luces brillando a todas horas de la noche. Mendigos por aquí y por allá. Todos son una manada de personas normales dentro de su estatus social. La democracia siempre con su enorme mano ahogando los bolsillos pequeños y en el mejor de los casos las madres ganándose el sustento con el sudor de sus cuerpos a causa de hombres suficiente mente machistas como para dejarlas abandonadas con sus hijos.
Las hojas de periódicos vuelan en la oscura noche, se enredan en las farolas de las calles, portadas de periódicos anunciando guerras e inundaciones, hambre y violencia. ¿Quién quiere un mundo así?
No hay por qué preocuparse por un asalto, eso en esta ciudad no existe, porque a nadie le importa. Es la ciudad que desde niños siempre soñamos, es la ciudad por la que votamos en las elecciones electorales cada cuatro años. Una ciudad limpia y tranquila.
Las hojas de periódicos vuelan en la oscura noche, se enredan en las farolas de las calles, portadas de periódicos anunciando guerras e inundaciones, hambre y violencia. ¿Quién quiere un mundo así?
No hay por qué preocuparse por un asalto, eso en esta ciudad no existe, porque a nadie le importa. Es la ciudad que desde niños siempre soñamos, es la ciudad por la que votamos en las elecciones electorales cada cuatro años. Una ciudad limpia y tranquila.
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