Al otro lado de la cuerda
Ella tiraba de la cuerda, lo hacia una y otra vez, pero aún
así la cuerda no cedía.
Ella llamo a su hermano, su hermano mayor. Lo llamo para que
le ayudara con su cuerda, pero él al llegar no vio ninguna cuerda. Ella le
insistía “ahí está, mírala” Pero él solo
sonrió y removió su cabello. “Tú y tus cosas hermana”
Ella corrió y busco a su hermana, mayor. La llamo para que le
ayudara con su cuerda, pero al llegar no vio ninguna cuerda tampoco. La niña insistió
“Mírala hermana, ahí está” Pero ella solo sonrió y tiro de una de sus mejillas.
“Tus cosas y tu hermanita”
Ella estaba sentada en la mesa de la cocina tomando su café
frío de la tarde. La abuela removía el caldo de pollo de lo que será la cena
esa noche. Imagínala sentadita en su silla (la silla que le quito a su hermano,
sordeandoce cada vez que él le recordaba) imagínala justo ahora moviendo hacia
adelante y atrás su piernita izquierda, mientras que su mirada se perdía en el
café y sus pensamientos volaban a su habitación donde estaba la cuerda.
“Que te tiene tan callada hija” le pregunto su abuela. “Nadie puede ver las cosas tal y como las veo yo abuela, nadie parece
poder ayudarme cuando lo necesito” La abuela se aproximo a ella y puso sus
manos sabias sobre sus hombros apretándolos cariñosamente. “Siempre hay alguien
mi niña, que nos entiende aún sin usar las palabras, alguien que con vernos a
los ojos conocerá nuestra historia” Ella detuvo su pierna en el aire y giro su
cabeza. “¿Cuándo llegará abuela?” La abuela sonrió como si estuviera esperando
esa pregunta. “El viento se encargara de traer hacia a ti lo que a ti de hace
falta”
El tiempo pasó, ella creció y sus vestiditos de princesa le
quedaban ya chicos. Ella creció y sin querer comenzó a olvidar los viejos
recuerdos de su niñez. Ya había dado su primer paso su biología en el camino para
convertirse toda una mujer como su madre.
El tiempo paso y fue el mismo que se encargo de llevarle uno
en uno para que ella buscase lo que
necesitaba pero, uno tras otro no dejaba en ella más que una decepción que crecía
poco a poco dentro.
Al fin apareció uno que le hacía sentir bien. Le respondía
alguna de sus preguntas, lo miraba a los ojos y ella le lanzaba la verdad de su
historia para que el la leyera pero, solo lograba transmitirle un poco. Aún así
ella lo dejaba pasar, por fin alguien que vibraba similar a ella. Fue en ese
momento cuando ella recordó la cuerda que había estado dentro de su niñez,
aquella cuerda que por más que trato nunca pudo halarla de su lugar.
Ella llevo al chico a su habitación, había mucha tensión en
el aire, él pensaba muchas cosas pero ella, ella solo deseaba con todas sus
fuerzas que su chico pudiese ver la cuerda.
La decepción solo duro una semana, el había creído que solo
le gastaba una broma y al final su visita en la habitación termino en algo que
su chico estaba pensando. Aunque a ella le gusto lo que ocurrió, no era lo que
ella quería sentir, aún así lo dejo pasar, estúpida fantasía infantil, sería
bueno olvidar de una vez por todas aquella cuerda.
El tiempo pasó, hoja tras hoja de almanaque el tiempo se
deslizaba como la arena fina en la palma de su mano. El tiempo pasó y ella dejo
de ver la cuerda que trato por tantos años halar.
Y el viento se encargo a los años de llevar lo que ella
necesitaba, aún cuando ella lo había olvidado, aún cuando ella ya se había
adaptado a su vida. Pero eso al viento no le importo, por eso le llevo aquello
esa tarde.
Platicaba con un viejo amigo, un viejo amigo que de vez en
cuando lo encontraba y platicaba a través del computador. Fue esa tarde cuando
sin querer ella movió su computador y él vio la extraña cuerda que pendía de la
pared. “Oye, ¿que es esa cuerda que pende de tu pared?” A ella se le erizo
todos los bellos de su piel.
Un montón de recuerdos inundaron su mente en ese preciso
instante, ella miro sus ojos y se dio cuenta. No como cuando te enteras que te
mienten o que alguien tiene miedo. Ella lo pudo ver en ese preciso instante.
“¿La vez acaso?”
“Como no habría de verla, está ahí en tu habitación
esperando que halen de ella”
Fue cuando ella lo comprendió todo, comprendió las palabras
de su abuela hace muchos años atrás, comprendió lo que tenía que hacer.
“Ven, ayúdame a ver qué hay del otro lado de la cuerda”
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