Nunca los entenderán
Ella se negaba en la habitación, ella se negaba una y otra
vez, le negaba a él sus palabras, esas palabras que la sabia entretejer
lentamente hasta colarla de los extremos de las mismas. Ella lloraba, su
maquillaje se removía junto a sus lágrimas. El escuchaba. Ella revoleaba sus
hojas, sus historias y se las lanzaba al suelo y él…él solo observaba.
No me entiendes, tú no quieres entender. ¿Acaso no lo ves?
¿Acaso no ves lo que soy?
Pero yo sé bien la clase de persona que soy, tu no. No es lo
mismo cuando estoy triste a cuando estoy enojada, o enfurecida o con odio en
mis ojos, no es lo mismo. Soy un desastre ¿lo sabias? No soy
la persona adorable y linda que siempre ves, soy mala, soy mala para alguien
como tú.
El solo escuchaba.
Escúchame, tenía personas que me conocían de ya hace tiempo
y me creían perfecta. A unos les hice caso, pero no es lo mismo que ellos vean
como rompo el corazón de alguien más a que sea el de ellos mismos. Es allí cuando algunos cambiaron su opinión, algunos… Ellos también
conocían mis lágrimas, mi lado triste o algún enojo u odio hacia alguien o
algo, pero no así hacia ellos mismos. Y cuando llegaba el momento en que no
sentía nada, cuando la magia pasaba y eso, a veces buscaba el más pequeño
defecto para terminar, para empezar con mi dialogo, el dialogo que odiaba usar
siempre, porque sabía que les hacía daño, y por ello buscaba hasta el más
pequeño detalle para no ser yo la mala.
El solo se inclinaba suavemente
sobre su propio cuerpo, y recogía sus historias, sus sueños y sus ilusiones del
suelo. Y suspiraba.
Algunos todavía me dirigen la palabra, otros ya no. Y
algunos otros no quieren saber nada de mi por lo que los hice llegar a sentir,
odio hacia mí. Aun sabiendo yo lo muy especiales que eran con migo y lo muy
bien que estaban al lado mío, veía las conversaciones que mantenían con
nuestros amigos en común. Pero sabes mi querido escritor, siempre hay un “no se”
siempre te encuentras un “pero “y un “¿Por qué?” Todos ellos fueron guapos,
eran inteligentes, o tenían buen nivel económico, o buena música. Eran altos y
fuertes, o altos y normal. Guapos de piel clara, románticos o de los que
cantan, escriben poemas o dedicaban canciones con sus voces. Me presumían y me ponían
primero siempre que a sus amigos.
El solo escuchaba, encendía un
cigarrillo y se arrecostaba en su butaca, viendo el incandescente bombilla
amarilla sobre él.
El solo escuchaba su voz, la
escuchaba y se mantenía con su mirada fija en la bombilla. Esa redonda y estúpida
bombilla.
Pero sabes, siempre el monstruo que hay dentro de mi salía,
llegando a un punto donde a mí me dejaba de interesar, en que ya no era lo
mismo. Aun cuando hubiese una conexión en todo, en nosotros…Siempre pensé cada vez
que lo intentaba que sería distinto, que todo sería genial y que todo iría bien,
y mírame a hora. Pero al tiempo me cansaba de sus llamadas, no les atendía. Me
cansaba de sus miradas y no los veía.
Y un pensamiento atroz cruzo su
mente mientras la veía “se ha cansado de mi” aun así siguió mirando hacia la
bombilla.
Date cuenta mi pequeño escritor, no soy lo mejor para tu
hermosa imaginación y ese corazón tuyo de tinta e historias, no lo soy, te lo
digo porque me conozco y no quiero que esto nuestro se termine de la misma
forma, no quiero tener tu recuerdo en la mente como una vieja fotografía tuya y
no quiero que yo, tu recuerdo pase a ser como esa fotografía de esa amiga tuya
ya de tiempo atrás… Por primera vez en la vida tengo miedo, tengo miedo de
arruinar esto que pones en mis manos, y te lo digo con todo el dolor del mundo.
No estoy lista para cargar con esta responsabilidad.
Él, que hasta el momento había permanecido
en silencio, escuchando, solo escuchando. Se puso de pie y camino hacia ella.
Camino y tiro su cigarrillo en la alfombra, aplastándolo con su suela. Camino y
la miro, le miro y alargando su mano… tomo la de ella.
Lo sé ahora ¿y qué? ¿Sabes cuál
es la diferencia ahora? La diferencia es que yo siempre he estado en tu vida,
siempre me he quedado a tu lado, escribiéndote y hablándote, cubriéndote de
esos cristales que te cortan. No me rendiré, las páginas de esta historia no
han llegado siquiera a la mitad.
No tengas miedo,
te prometo que si no sueltas mi mano, yo no soltare la tuya.
Ella lo miro, tembló
ligeramente y lloro sobre él.
¿Alguno sabe porque
lo hizo? Unos dirán, “lo ama” otros quizá “lo va a dejar” y una minoría pensara
“que estupidez”
Pero yo pensare y
diré “a ninguno de ustedes les importa y jamás les llegará a interesar, porque
nunca han luchado por algo que verdaderamente valga la pena en sus vidas”
Nunca los
entenderán
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