Interludio ¡Despierta ya! Segundo Salto
Crecí en una gran casa, en medio de grandes ideas políticas de mi padre y horas del té de mi madre. Vivía sola con mis padres, pero también estaban las personas que se encargaban de la casa, ya sea los cocineros, los jardineros o mi institutriz.
Crecí y nunca me percate de la gran diferencia que había entre un niño de mi edad y yo. Esto ocurrió hasta que cumplí 18 años y escape de casa por primera vez.
–Malditos perros, déjeme en paz, no quiero jugar con ustedes–. Estoy corriendo hacia la abertura que se hizo en el muro de la casa después de que un carruaje perdiera el control y se estrellara de golpe contra el. Quiero conocer el mundo exterior, quiero salir de estas paredes, soy como una prisionera acá adentro.
Llego hasta la abertura y me coló como la luz de la luna hacia el exterior. ¡Al fin! Libertad.
Mi aventura fuera de la casa me llevo hasta las calles del pueblo, donde las personas vestían humildemente y los niños correteaban libremente por ahí.
Fue cuando me perdí, no sabia donde estaba, había dado tantas vueltas que no me percate en que momento perdí la noción de la orientación. Corrí por los callejones hasta que llegue a uno sin salida y ahí estaban esos tipos.
Grandes, sucios y harapientos. Todos con miradas maliciosas y llenas de lujuria. El pánico era tal que estaba inmóvil y de repente él saltó a través de una ventana, corrió hacia mí, me tomo la mano y me dijo: –Corre. – Tiro una puerta de una patada y me arrastro tras de él.
Así fue como te conocí, un chico alto, flaco y con sus cabellos moviéndose en el viento a medida que corríamos. –Date prisa, esos tipos no se rendirán, debemos ocultarnos pronto.
–Gracias.
–Tranquila, ya hablaremos.
Me llevaste a través de calles llenas de transeúntes que vendían cosas, todo el pueblo era una especie de feria. Mi cabeza iba de un lado a otro, mis ojos no creían todo lo que veían, era demasiado.
–Aquí estaremos bien. Me llevaste a una especie de parque frente a una iglesia, nos sentados a esperar que nuestra respiración se tranquilizara un poco.
–Gracias. Te volví a decir.
–Deja de decirlo tantas veces Nanna. Me estas asiendo sentir extraño.
– ¿Nanna? Pensé. ¿Porque me llama así?
–No entiendo ni me explico como te las ingeniaste para traerme aquí. Dijo el.
Me mira a los ojos y dice un montón de cosas que no puedo ni imaginar, cosas como, ya pronto saltaras. Ya casi volveremos a luchar por lo nuestro y miles de cosas más.
mae, esto esta solito!!! es bueno despejarse un poco de la historia principal sabiendo q pasó antes de en lo q se centra la historia! ciertas correciones q le hacen falta a la ortografía y esas cosas!muy buen manejo de palabras y deja al lector divagando en sus propios pensamientos x ciertos momentos! profundo y llamador de atención! mae, lo felicito! esta mas q excelente!!!!
ResponderEliminar